Un vagabundo estelar
¬ Humberto Matalí Hernández lunes 6, Feb 2012Al son de las fábulas
Humberto Matalí Hernández
“No sólo no nos habían dado de comer la víspera,
sino que ni siquiera pudimos beber una sola gota de
agua. Además, molidos a golpes como nos dejaron,
nos devoraba la fiebre…”:
Jack London. / “El vagabundo de las estrellas”
Hay escritores con la enorme capacidad de plasmar el comportamiento humano y confrontar lo aberrante y primitivo existente bajo el barniz de la civilización, con lo mejor del hombre, como son el amor, valor, lealtad y solidaridad. Jack London (1876-1916) es un autor que lograr la descripción de esa condición humana. Hermanado con Hemigway, D’Annunzio y otros creadores que vivieron entre la audacia y la aventura. Pero London los supera, porque su instinto fue de un “salvaje civilizado”.
A los 14 años se convirtió en pescador ilegal de ostras, a los 16 fue capitán de “raiders”, los piratas de la bahía de San Francisco que se escondían en las costas de Oakland, es propietario de una barca y de una mujer conocida como “La reina de los piratas”, al mismo tiempo mantiene un cortejo femenino con las que convive. Alto, muy fuerte, audaz y bien parecido, Jack London es el prototipo de sus héroes. Cansado de la vida de pirata se embarca en una nave para recorrer el océano Pacífico. Al regreso de un viaje se une a la agitación obrera de l893, se convierte en orador y es encarcelado. Liberado se dedica a recorrer su país. Se acerca y sobrevive con los obreros y marginados de los Estados Unidos. Lector de Marx, Darwin y Nietzsche, se convierte en un socialista sin dogma, pero con profundo humanismo, rebeldía y admiración por el superhombre de raza blanca.
Con capacidad e inteligencia, Jack London se convierte en alumno universitario, pero abandona la Universidad de California para trabajar y ayudar a su familia. Se vuelve a embarcar y poco después empieza a escribir y publica en la revista “Overland Monthly” sus primeros cuentos. En l904, lanzado al periodismo, es corresponsal de guerra en Corea, durante la guerra ruso-japonesa. Regresa convencido del peligro amarillo. Empieza a publicar más cuentos y novelas, de tal forma que en los 17 años dedicados a la literatura, escribe material para cerca de 50 volúmenes. Entre ellos “La llamada de la selva” y las excelsas “Antes de Adán” y “La peste escarlata”. Sin embargo, es en las novelas “Martin Eden” (casi autobiográfica), “El lobo de mar” y “El vagabundo de las estrellas”, donde visita lo recóndito del humano, capaz de realizar los actos más viles para después llegar a las mayores grandezas. Ascender de la vergonzante barbarie al esplendor humanista.
Actitudes humanas soterradas, dispuestas a brotar a la más leve presión.
En “El vagabundo de las estrellas” afirma como descripción del salvaje interno: “¡La cólera roja! Esto es lo que ha provocado mi desgracia en todas mis vidas y constituye mi catastrófica herencia, que data de la época en que vagas formas viscosas precedían el origen del mundo”, razona Darrell Standing, el personaje central, preso por asesinar en un momento de furia, a pesar de ser un culto maestro de agronomía en la Universidad de Berkley. Preso se enfrenta a la secuela de los problemas, hasta sufrir el peor de los castigos, yacer durante semanas amarrado en una camisa de fuerza que le inmoviliza el cuerpo, sin alimentos y agua. Atado así, su mente se fuga por las vidas que tuvo antes de llegar a la actual. En ellas es centurión romano en Judea, durante la muerte de Cristo, esclavo, noble y otras más, pero en todas muere por sus arranques de furia primitiva. Es el viajero estelar de las vidas pasadas que no aprende a controlar sus instintos asesinos, a pesar de las sucesivas reencarnaciones. A diferencia de los budistas no mejora en cada vida, llega siempre a la violencia y a la muerte violenta.
Esas vidas aventureras descritas por Jack London también demuestran sus amplios conocimientos de historia, a pesar de sus estudios incompletos y lo formación como autodidacto, desarrolla profundos estudios sobre la conducta del ser humano en diversas civilizaciones, en las que existe el ente primitivo de cada uno de los habitantes. Es un análisis filosófico sobre eso que llama “la cólera roja”.
Los razonamientos finales de Darrell son el compendio de la mente humana: “no existe la muerte absoluta. El espíritu es la vida y el espíritu no sabría morir”. Cierra la novela con dos preguntas: “¿Qué seré cuando vuelva a vivir? Es… Eso es lo que me preocupa… ¿Qué seré y qué mujeres me amarán?”.
No toda la obra de Jack London se encuentra traducida al español, pero en la última década diversas editoriales españolas rescataron sus cuentos y novelas. La que permanece como una constante es “La llamada de la selva”. Eso porque la consideran lectura infantil, pero en realidad es un profundo estudio sobre el primitivismo del hombre, aunque aquí lo disfraza de canino. También desde hace unas dos décadas se realizaron varias películas sobre esta novela de London y por ahí hay una de televisión sobre la novela autobiográfica de “Martin Eden”.