Qué se le va a hacer
¬ Juan Manuel Magaña viernes 28, Jun 2013Política Spot
Juan Manuel Magaña
Somos en el mundo el país narco. Esa es la realidad.
En eso nos convirtieron año tras año, sexenio tras sexenio, a golpes de boletines militares que siempre aseguraron que contra ese mal los gobiernos estaban en guerra permanente. Y dijeron, desde la Operación Cóndor, que los decomisos y la captura de grandes capos eran golpes demoledores a los cárteles.
Y ahora ahí está el Informe Mundial sobre las Drogas 2013, elaborado por la ONU, que dice que México produce 30 veces más heroína que Colombia, droga que termina por consumirse en Estados Unidos. O sea, que en eso ya casi no hay quien nos compita.
Es un informe que dice que la evolución del consumo de heroína en el mundo se mantiene en general estable, aunque con cambios regionales como la reducción del número de usuarios en Europa, y el aumento de la capacidad de producción de México.
Estamos exhibidos ante el mundo.
A escala mundial, los datos que manejan los expertos de la ONU indican que en 2012 bajó la producción de heroína hasta las 4 mil 905 toneladas desde las 6 mil 983 toneladas del año anterior.
En México ha crecido la capacidad de cultivo y en 2011 unas 12 mil hectáreas se dedicaban a la adormidera, frente a las 341 de Colombia. Un aumento del 181 % en un periodo de 13 años.
Eso nos dejaron los sexenios de Fox y Calderón con su guerra absurda.
Por eso, se dice que aunque el país sigue estando lejos de las 154 mil hectáreas de cultivo de 2012 en Afganistán, el mayor productor de opio del planeta, o de las 51 mil hectáreas de Birmania, México aparece ya entre los grandes exportadores de esta droga, y es el mayor en toda América.
Nomás hay que agregar que Afganistán y Birmania son desde hace tiempo estados fallidos. Y que, al menos en el tiempo de Calderón, en eso se convirtió México.
¿Qué es un Estado fallido? Se han estipulado cuatro condiciones: una, aquel que ha perdido control físico del territorio, o el monopolio en el uso legítimo de la fuerza.
Dos, aquel en el que se ha erosionado la autoridad legítima en la toma de decisiones.
Tres, el que es incapaz para suministrar servicios básicos. Cuatro, el incapaz para interactuar con otros Estados, como miembro pleno de la comunidad internacional.
Y en esas condiciones caímos en los dos últimos sexenios. Y no he escuchado a nadie que me diga cómo vamos a apartarnos, si es que se puede, de esa fatalidad narca.